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Publicado en: Revista Nº 46

Trabajando la identidad positiva con las personas adoptadas.

Publish 01 Mayo 2009 Visto 4222 veces
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Doctor en Psicología, master en Sexualidad Humana y master en Salud Mental. Experto en Terapia Familiar. Psicoterapeuta (EFPA. Federación Europea de Psicoterapeutas). Profesor en la Universidad de Deusto (Bilbao) y en UNED – Bizkaia. Participa en diferentes universidades nacionales e internacionales impartiendo formación del área familiar.

Sus asignaturas están relacionadas con la Familia, los Menores y la Intervención Psicológica. Entre sus publicaciones destacan, Nuevas técnicas didácticas en Educación Sexual (Madrid: Mc Graw Hill 2008) Intervención Psicoeducativa con Familias (Madrid: CCS, 2009) y Adopción Hoy, nuevos desafíos, nuevas estrategias (Bilbao: Mensajero 2010).

Sitio Web: felixloizaga.blogspot.com

Índice

El artículo reflexiona sobre la elaboración de la identidad en las personas adoptadas. Este proceso requiere un sobre – esfuerzo por parte de los adoptados y por parte de los adoptantes. En la mente de las personas adoptadas están de fondo los duelos con las familias biológicas y los duelos de las propias familias adoptantes.

El artículo está divido en tres partes: 1) que es y cómo se configura la identidad positiva 2) cuestiones claves en la identidad de las personas adoptadas y 3) estrategias de afianzamiento de la identidad por parte de las familias adoptantes.

Para poder desarrollar la identidad positiva la persona adoptada tiene que a) aceptar su cuerpo diferente al de la familia adoptante b) aceptar su nombre (reajustado o no por los adoptantes) c) entender el trauma del abandono de la familia biológica d) comprender el deseo de hijos biológicos de su padre y madre adoptante y de sus familias extensas e) aceptar los parecidos con sus familias extensas biológicas f) superar los recuerdos dolorosos asociados a su memoria emocional.

Las familias adoptantes con diferentes actitudes y comportamientos pueden mejorar el apego inseguro de quienes han adoptado y ayudar de esta forma a reparar el dolor de su hijo o hija, generando un apego seguro que permita desarrollar una identidad positiva.

1. IDENTIDAD Y ADOPCIÓN

1.1. Buscar la identidad…base del crecimiento y la madurez

La identidad personal puede entenderse como la capacidad de sentir nuestro cuerpo, mente, relaciones y por tanto nuestra personalidad como parte de un yo que nos pertenece, único y diferenciado del resto de las personas con las que convivimos.

Paradójicamente la identidad personal nos permite apreciar que aun siendo entidades únicas, formamos (por ejemplo) parte de familias al pertenecer a ellas por el hecho de ser cuidados y/o queridos o simplemente por los lazos de sangre que en ocasiones existen sin coexistir “lazos de cuidados y apoyos”. Evidentemente estos últimos (lazos de cuidados) son mucho más importantes que los de sangre. Los lazos de sangre se encuentran asociados a las familias biológicas, mientras que los lazos de cuidados y pertenencia se encuentran asociados a las familias adoptantes. Como dos hilos internos, en la adopción se producen procesos muy específicos que afectan a la identidad. Ambos tipos de lazos mueven dentro de los adoptados a sus dos familias y por ello quién cumple esta condición debe realizar un sobre - esfuerzo para avanzar en sus procesos de identidad.

La búsqueda de cualidades y características que nos pertenecen y que nos son propias y diferentes del resto de nuestros familiares, son indispensables para poder sentir nuestra identidad dentro de las familias. Todos buscamos ser únicos aunque las personas no se plantean explícitamente estos términos de manera tan consciente. La identidad busca insistentemente la exclusividad y diferencia para sentir que crece, se desarrolla. En el fondo en esta búsqueda se avanza y se madura.

Para la psicología y en especial para la psicoterapia el concepto de identidad ha sido clave pues constituye la esencia del yo, que vive con el otro, sin confundirse con él. La terapia psicomotriz ha trabajado sobre los procesos del cuerpo y la mente precisamente para integrarlas en sus relaciones con los otros.

1.2. Los otros nos marcan…el marcaje es inherente al proceso de la identidad

La búsqueda de la identidad no es un proceso sencillo para el ser humano. Todas las personas se preguntan quiénes son, como les ven y cómo les sienten los otros. Estos referentes son indispensables para entendernos, pues el marcaje positivo o negativo que realizan los otros pone imágenes y palabras a la manera de entendernos y re – pensarnos como personas. El marcaje es un proceso basado en la comprensión, escucha, entendimiento y sobre todo el reconocimiento del otro que envía mensajes y hace incorporar esquemas sobre cómo nos siente, visualiza, comprende y cómo nos reconoce.

Padres, madres, parejas y hermanos ponen gestos y palabras sobre cómo perciben nuestro cuerpo, nuestra salud o nuestra manera de ser. Dicho de otra manera, es el otro (o la otra) quién con su comunicación nos ayuda, nos complica o nos traumatiza en la formación de esa identidad. Las familias ofrecen un marcaje de “primera” con valores referenciales para toda nuestra vida. Este marcaje intrafamiliar que las familias aportan sobre la identidad (la familia biológica, la familia adoptiva o simplemente la familia cuidadora, todas ellas realizan marcajes) es clave para el niño, el adolescente y en el fondo para cualquier adulto integrado en ellas, que nunca se manifiesta impasible ante los comentarios que otros sujetos y otros familiares aportan sobre ellos. Es decir, todos estamos afectados ante el marcaje que realizan nuestras diferentes familias: biológicas, adoptivas o acogedoras.

La adquisición de una identidad madura es un proceso mucho más complejo de lo que puede parecer a primera vista. La identidad se afianza con procesos de identificación, diferenciación, inclusión e introyección. Vamos a intentar reflexionar sobre todos estos procesos pensando en las personas adoptadas.

1.3. Los buenos y malos tratos de las familias afectan a la identidad. El caso de las personas adoptadas

Las relaciones vinculares con las familias afectan positiva y negativamente a la identidad. Algunos buenos tratos son muy visibles y se esperan de todas las familias hacia sus menores. Entre los visibles están cuidar (alimentar, ofrecer sitio seguro para descansar, apoyar ante la enfermedad) y estimular (jugar, proporcionar nuevas experiencias). Los buenos tratos se asientan sin embargo en comportamientos mucho más invisibles: a) el afecto con sus manifestaciones de ternura a través de los cuerpos b) el interés positivo por el otro con estilos abiertos de escucha y comunicación c) la valoración del otro a través de un marcaje positivo y un respeto hacia una identidad única.

Como podemos observar las familias biológicas no ofrecieron casi ninguna de las acciones de cuidado y estimulación. Tampoco buenos tratos a sus menores. En realidad las familias biológicas donaron (o les retiraron sus menores por malos tratos) a sus hijos para que otras personas, las familias adoptantes, pudieran ofrecer lo que ellas no podían realizar. En la medida que los adoptados van tomando conciencia del vínculo aportado por las familias biológicas (casi siempre muy escaso y a veces traumatizante), sus procesos de identidad se complican pues toman conciencia de lo que sus familias biológicas (y sus familias extensas consanguíneas) no fueron capaces de ofrecer: cuidado, cariño y estimulación positiva.

Las familias adoptantes en su interés por crear una familia se ven la obligación de aportar todo aquello que las otras familias no fueron capaces de dar al adoptado referente a los cuidados y estimulación. Ellas reparan día a día aquello que las familias biológicas no hicieron (o hicieron incorrectamente). La reparación de cuestiones traumatizadas lleva también para estas familias un sobre - esfuerzo de tiempos y emociones. La mejora no se consigue por el hecho de pasar de una familia traumatizante a una familia cuidadora y mucho menos de “un día a otro”. La reparación se basa en el marcaje positivo, en la inclusión dentro de la familia, en la implantación de límites y sobre todo en la aceptación de las crisis emocionales que se producen dentro de la familia adoptante, muy especialmente durante la adolescencia y juventud de las personas adoptadas.

1.4. Mejor hablar de familias. Pensar las familias en plural

Obsérvese que a lo largo de estas páginas se habla de familias para que el lector tome conciencia que existen diferentes formas de ser familia. Las familias no son solo la parte nuclear (generalmente padre - madre - hijo - hija). Las familias están compuestas por otros miembros que componen la familia extensa: abuelos, tíos, primos… Todos ellos aportan (o no) seguridad, confort, o por el contrario tensión y trauma. Las familias extensas de los adoptantes son tan importantes como la familia nuclear adoptiva y siempre están en la mente de las personas adoptadas como parte de su necesidad de acogida y valoración que forma parte de la identidad positiva. Los adoptados necesitan sentirse apreciados, incluidos y sobre todo marcados positivamente por todos estos miembros que componen su familia extensa. Generalmente ocurre así, con lo que el adoptado avanza en sus procesos de identidad apoyado por todo un grupo familiar, un clan familiar, que piensa sobre él y sobre su condición adoptiva y que le quiere de verdad aun no existiendo los lazos de sangre, pero si los lazos de pertenencia y de cuidado.

Como cualquier persona, inicialmente los adoptados han soñado con una familia biparental que nunca se divorcie y que sea el núcleo de su existencia. Pero la realidad se impone y las familias actuales son muy diversas: biparentales, monoparentales, homoparentales, separadas y divorciadas… Y tenemos que incorporar todo esto en nuestra mente pues las familias adoptivas son parte de la sociedad actual. Los adoptados juegan en sus mentes con: 1) las familias biológicas (seguramente separadas / divorciadas con madres biológicas que no viven con los padres biológicos) 2) hermanos y hermanas consanguíneos a los que no conocen (la posibilidad de tener hermanos es una de las fantasías más frecuentes de las personas adoptadas y además suele ser así) 3) su familia adoptiva compuesta por madre y/o padre, sus abuelos, tíos y primos (familia extensa) 4) en ocasiones nuevos matrimonios de los adoptantes que aportan nuevos familiares directos a los adoptados (por ejemplo nuevos hermanos y nuevos padrastros).

Las familias de los adoptantes frecuentemente cambian sus componentes nucleares al producirse cambios en la entrada o salida del sistema de la pareja o del sistema de hermanos: separaciones, divorcios, pérdidas, nuevas parejas y nuevos matrimonios. Integrar en la propia identidad nuevas pérdidas o duelos es complejo para el adoptado pues parte originalmente de separaciones y duelos sobre su familia biológica. Algunos miedos pueden minar al adoptado en su mente: a) miedo a las pérdidas en la familia adoptante (por ejemplo un divorcio o separación del padre - madre) b) miedo a las muertes (posibilidad de volver a quedarse solo o sin progenitores) c) miedo a ser expulsado de la familia nuclear y vuelta al centro de acogida (por falta de ajustes y aceptaciones interpersonales dentro de la familia nuclear). Todos esto son algunos de los miedos más claramente afianzados que interfieren los procesos de la identidad.

1.5. Algunas cifras importantes sobre la adopción, pongámonos a pensar… [1]

En la mayoría de los estudios sobre adopción (al igual que en otros estudios sobre familias) las mujeres son quienes participan de manera más activa y quienes suelen contestar a cuestionarios e investigaciones (2/3 de los cuestionarios). Muchas de ellas tienen formación académica superior. Los estudios sobre familias adoptivas al igual que muchos otros estudios psicológicos y familiares están sesgados por el género de quién está contestando.

Aproximadamente un 85% de las familias adoptantes han tenido dificultades con la fertilidad. Esto supone que estuvieron durante por lo menos dos años intentando tener sus propios hijos biológicos sin pensar decididamente en tener hijos adoptados. El otro 15% optaron por adoptar aun pudiendo tener hijos/as biológicas. Todo esto no puede obviarse pues muchas familias adoptivas en sus orígenes como parejas nunca pensaron en la adopción, fueron las dificultades con la fertilidad las que les llevaron a buscar esta alternativa.

Cerca de un 85% de las familias adoptantes son de estructura biparental (mayoritariamente un hombre con una mujer o una mujer con otra mujer) y un 15% de estructura monoparental (mayoritariamente mujeres y excepcionalmente hombres). Aproximadamente un 12% adoptan a más de un menor al tiempo, casi siempre hermanos. Las familias que terminan adoptando han sido evaluadas e informadas por los diferentes sistemas de protección. La adopción es por tanto una decisión libre, reflexionada durante varios años y todo esto permite que muchas parejas adoptantes conversen profundamente sobre ellas mismas, los hijos adoptivos que van a cuidar y en el fondo que se conozcan más intensamente que otras parejas que no tienen dificultades con la fertilidad. Esto es claramente una ventaja para educar más correctamente.

Aproximadamente un 20% de los adoptados vivieron algún tiempo con sus familias biológicas y un 70% en instituciones, un 10% en ambos contextos. Es necesario repensar la importancia que tiene la calidad de cuidados de la familia biológica (muy frecuentemente ha sido inadecuada) y del centro de acogida (orfanato) que en países subdesarrollados o en vías de desarrollo han sido deficitarias. A modo de ejemplo casi el 50% de las personas adoptadas en el País Vasco – Euskadi proviene del Este Europeo y otro 28% de Latinoamérica. Haber vivido casi dos años en familias biológicas o en centros residenciales - orfanatos (faltos de estimulación o con exceso de trauma) tiene gran importancia para el desarrollo neuropsicológico, emocional y escolar.

[1] Tomado del estudio realizado en el País Vasco y Navarra en 2008. Loizaga F. (coord.). Adopción internacional. ¿cómo evolucionan los niños, niñas y sus familias? Bilbao: Mensajero