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Published in Revista Nº 39

Reflexiones entorno a la angustia arcaica de caída y su relación con los apoyos (Winnicott-Lowen-Acouturier)

Publish 01 June 2010 Read 4183 times
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Los humanos somos como los árboles, arraigados a la tierra en un extremo y tendiendo al cielo desde el otro. Cuán alto podemos tender depende de la fuerza de nuestro arraigo. Como criaturas de la tierra estamos conectados al suelo a través de las piernas y de los pies. Si la conexión es vital decimos que la persona está enraizada en la tierra., lo que significa que sabe quién es y dónde está parado. Estar enraizado es estar conectado con las realidades básicas de la vida: el cuerpo de uno, su sexualidad, las personas con las que mantiene relaciones.

No basta con saber que uno tiene los pies en el suelo, lo que se requiere es el proceso energético en el que la onda de excitación descienda por el cuerpo hasta las piernas y los pies. Nos sentimos enraizados cuando la onda de excitación llega al suelo, invierte su dirección y fluye hacia arriba, como si la tierra nos empujara para sostenernos erguidos.

La calidad del enraizamiento de un individuo determina su sensación interna de seguridad. (Lowen)

Estando realizando el curso de psicomotricidad de ayuda, aquél verano tuvimos una formación personal larga, en la que tuve la suerte de experienciar la seguridad del suelo y de los apoyos, y algo más tarde con la observación de videos de bebés, la comprensión de la angustia de pérdida de sí en el bebé. Integré corporalmente de que en los primeros meses de vida el bebé no es nada sin su madre, que necesita estar contenido y sostenido por la madre para poder llegar a ser. Tras esto surgió en mí la necesidad de buscar un marco teórico que me ayudara a entender mejor lo vivenciado en aquel curso y con todo este bagage interno y un par de libros, me fui unos días al monte con una amiga.

Íbamos con la intención de realizarexcursiones, no muy largas, ya que ella tenía una dificultad para andar y no podía hacer marchas muy prolongadas. ( pies cavos y en posición de V al andar: apoyos frágiles)

Un individuo no puede estar enraizado si tiene los arcos de los pies tan elevados que sus pies no entran en pleno contacto con la tierra, o si los pies han perdido elasticidad y son caídos. Los arcos elevados suelen observarse en individuos con piernas extremadamente delgadas. Criados por madres inaccesibles u hostiles, esos individuos se sienten obligados a despegarse del suelo.

Pararse o caminar con los pies vueltos hacia fuera en posición de V también puede ser resultados de una tensión crónica en los glúteos. En la mayoría de los casos, esa tensión se debe al entrenamiento prematuro del control de los esfínteres, que hace que el individuo tenga “un trasero apretado” y camine con los pies en posición de V”. (Lowen)

Recogimos información sobre los itinerarios que podríamos realizar, y como en uno de ellos nos hablaban de algunos pasos aéreos, preguntamos en la oficina de información contestándonos que no había ningún peligro y que era una excursión preciosa. Mi amiga observó que si se trataba de pasos de altura y con movimiento (por ejemplo un puente colgante) hacerlo resultaba dificultoso para ella, pero nos aseguraron que la excursión se realizaba en todo momento a través de un camino de tierra y que en algún tramo no existía pared a la derecha, pero que el camino estaba bien trazado.

Lo dejamos para el día siguiente y aquella misma tarde, dimos un paseo, que se alargó más de lo previsto, y se nos fue echando la noche encima sin tener mucha seguridad del camino de retorno hacia el camping. Mi amiga estaba cansada y todos los ruidos que se escuchaban (cantos de pájaros) empezaron a ser amenazantes para ella. El no poder disponer de la certeza del camino de vuelta le comenzó a inquietar de manera tal vez un poco irracional. “El miedo condiciona, limita y distorsiona la vivencia de la realidad”.. No estábamos lejos de camping, y la dirección del camino de vuelta estaba bastante clara. “No veía la realidad sino la representación que se hacía de ella” Llegamos bastante cansadas y nos fuimos a dormir.

A la mañana siguiente, un día precioso, nos pusimos temprano en movimiento, y después de subir hasta los 2100m., decidimos volver por el camino de los “pasos aéreos” y comenzamos a descender: a la izquierda teníamos unas grandes formaciones rocosas, ante las cuales mi amiga ya mostró un cierto desasosiego, pero como a la derecha los pinares y el terreno se sucedían, al principio no pasó nada extraordinario. Llegó un momento en que yo iba feliz, haciendo fotos del paisaje que se observaba desde la altura por la que caminábamos, cuando la parte derecha del camino dejó de ser tierra para convertirse en un corte bastante vertical y desprotegido, la parte izquierda seguían siendo grandes rocas.

De repente vi a mi amiga que aceleraba el paso (síntoma de pánico) y oí unos sollozos. Por supuesto me preocupé y rápidamente acudí en su ayuda. Se tiró contra la pared y dijo “yo no puedo con esto” (terror paralizante). Mi primera sensación fue de estupor ya que el camino estaba perfectamente trazado, en un principio no llegué a observar la magnitud del terror que padecía mi amiga, había perdido el control y parecía sentir una muerte inminente.

Posteriormente vino a mi mente la angustia de caída: “Hay niños que tienen mucho miedo frente a la caída, con intensas descargas emocionales y la necesidad entonces de agarrarse, agarrarse el objeto, agarrarse a las personas. En algunos niños hay una angustia de caída por falta de haber sido sostenido”.(Acouturier)

“Existe el temor de que si se caen, no va a ser capaz de levantarse, saben que lo pueden hacer con un esfuerzo de su voluntad se pueden incorporar, pero de lo que no están seguros es de poderse levantar. Levantarse o surgir es como crecer. La fuerza para levantarse viene de abajo., a cada paso que damos apretamos la tierra con la planta y ésta responde a la presión empujándonos hacia arriba. Levantarse y caer son funciones antitéticas, que no pueden existir una sin la otra. El que no puede caerse no puede levantarse”(Lowen).

Le dije: si quieres te doy la mano y vamos poco a poco las dos, no se podía retroceder, o era adelante o quedarse o dejarse caer. Reconocí que mi amiga se encontraba en una situación en la que sentía que su vida corría peligro, sensación irracional, ya que no lo había objetivamente, (“Debemos presumir que esa sensación irracional evoca un recuerdo grabado en el cuerpo de una situación de la niñez donde la vida estuvo en peligro”: Lowen) ( Winnicott: lo que se teme es algo que ya ocurrió. Se trata de una agonía primitiva, más que de angustia)

Estaba claro que ella no se quería dejar caer, retroceder no podíamos ya que habíamos pasado un gran tramo “peligroso” y desconocíamos la longitud del camino que aún teníamos que recorrer. Así que yo por delante, dándole la mano izquierda y ella apoyándose en la parte posterior de mi mochila, la cabeza baja (para no ver nada más que el camino), encogido el cuerpo sobre mí, a veces se hacía una especie de orejeras con la mano para exclusivamente ver el suelo y no los alrededores, seguimos caminando bastante rápidamente ya que ella de alguna forma con su propia angustia me empujaba. Yo iba segura, era consciente que el llegar a buen término dependía de mi actitud, cierto que no había peligro, yo marcaba las pisadas una tras otra con gran firmeza. La postura que adoptó mi amiga me impactó de gran manera, era como si estuviera disminuida, indefensa, desvitalizada, no era una adulta autónoma, era un algo que no pensaba, era una carga totalmente a mi merced. Me vino la imagen de esas mujeres adultas con síndrome de Down, que se dejan llevar por sus madres, el cuerpo hacia atrás, casi arrastradas, sin voluntad ni autonomía suficiente para andar por la vida por sí mismas.

Le repetía frecuentemente “hay suelo bajo tus pies, hay tierra, hay camino, no te preocupes, vete dando paso tras paso, sigue detrás de mí, yo te ayudo”. En un momento se derrumbó (magnitud del terror que le paralizaba), se echó contra la pared, le pregunté si quería descansar, “quiero terminar esto cuanto antes” me dijo, a la vez que daba golpes de rabia contra la roca sin dejar de sollozar.

El tener miedo pero negarlo provoca un “colgamiento”. El individuo no puede avanzar por el miedo que tiene, pero tampoco retroceder porque ha negado ese miedo. La represión del miedo produce en consecuencia la represión de la ira que lo acompaña. Como no hay nada que temer tampoco hay motivo para irritarse. Pero las emociones reprimidas siempre buscan el camino de aflorar indirectamente a la superficie.(Lowen)

Yo le repetía “no hay peligro, tienes tierra bajo tus pies, vamos caminando sobre el camino, respira, grita, no aguantes tu miedo, pero sigue caminando, poco a poco llegaremos, falta poco para ello”. Me vinieron a la cabeza las palabras de Lowen:” Cuando se está asustado no se pisa fuerte: el miedo lo despega a uno de la tierra”.

Y reanudamos la marcha, para el resto de caminantes debería ser impactante (así como para mí también lo era) ver a dos mujeres adultas, una llevando/arrastrando a la otra que no miraba, y se agarraba a mi como una posesa:”¿necesitáis ayuda?” me preguntaban, yo respondía, no ya se está recuperando, gracias”. Yo iba anticipando el camino y cuál fue mi susto, que naturalmente disimulé, cuando vi que un trozo del camino no era más que tierra suelta que miraba hacia abajo, parte por la que había que pasar rápidamente y colocando bien los pies. Yo ya me veía arrastrada por ella hacia el precipicio, le dije “bueno ahora hay que pasar deprisa y colocando bien los pies”, me hizo caso aunque luego me dijo que en cuanto oyó eso le entró un gran terror, aunque luego comprendió porqué se lo había dicho.

Y así conseguimos llegar al final del “peligroso” camino, donde ya más tranquila, realizó una serie de respiraciones profundas, el grito que yo le aconsejaba sacar para liberar tensión, no le salía, pero al terminar el “desfiladero”, ya me pudo soltar y caminar ella sola. Yo le dije, respirando también profundamente “bueno, asunto superado” ella me contestó “no, yo no lo he superado, no he sido yo, no lo he hecho yo, he llegado al final del camino gracias a ti, a tu seguridad, a la seguridad que me dabas, yo no lo he hecho, no era yo”.Añadió, “tengo un tope entre el pecho y la tripa, no puedo respirar bien”.(el diafragma a causa del pánico sufrido se había quedado en posición de inspiración)

La tensión diafragmática está íntimamente relacionada con la ansiedad de caer, puesto que reduce la propagación de la excitación a la parte inferior del cuerpo. La ansiedad de caída y los trastornos de respiración son dos aspectos de un mismo proceso.(Lowen)

Dedicamos un tiempo a realizar respiraciones y a tratar de desbloquear el diafragma pero el grito no salía y el tope siguió.

Una vez llegadas al camping y tras habernos duchado y descansado un rato, pudimos poner palabras a la experiencia pasada. Su primera reacción fue de rabia contra la de la oficina de turismo por no habernos avisado que para las personas con vértigo (en ningún momento ella había comentado que tenía vértigo) ese trayecto podría ser dificultoso. Después de preparar la comida, comer, recoger, ella se tumbó en una hamaca para hacer una pequeña siesta y descansar, NO PUDO, le venían a la cabeza todas las imágenes del camino en las que estaba a punto de despeñarse, yo le aconsejé que se tumbara en el suelo (experienciar el contacto del cuerpo con la superficie, le iba a hacer sentirse más segura, algo que yo había experienciado hacía poco tiempo en la formación personal ), ya que quizás al sentir todos los apoyos y la seguridad del suelo, de allí ya no podía ir más abajo, (reencontrar el suelo, punto de partida de la seguridad) se calmaría, y así fue capaz de tranquilizarse algo. El suelo se convierte en un amigo, en un consolador firme y seguro, que siempre está junto a uno, que puede impedir que se hiera dolorosamente, aunque se haga uno daño. No se puede caer si ya está uno abajo. Y cuando uno está ya abajo pueden solucionarse muchos problemas que quizás fuesen difíciles creyendo que se podría caer uno.El dejarse caer devuelve a la persona a la seguridad sólida de la tierra y le permite renovar su energía y fuerza en las fuentes de su ser.(Lowen)

Yo me sentí con necesidad de mantener una cierta distancia con ella, había sido muy intenso también para mí, y necesitaba distancia para recomponerme.

Una vez que estuvimos más tranquilas iniciamos la lectura del capítulo del libro de Lowen: “la ansiedad de caída”, intentando dar explicación o poner un marco teórico a la vez que poníamos distancia emocional a lo experimentado emocional-y corporalmente.

“…Cuando el sujeto está débilmente asentado, el peligro de partirse en dos, ser victima de un ataque histérico, experimentar ansiedad o desplomarse es grande.

El miedo a perder el control es un aspecto de la ansiedad de caída. Caer representa para todos los pacientes la rendición o entrega de su posición defensiva. Pero como esta posición se desarrolló para sobrevivir y lograr algún grado de contacto, independencia y libertad, su rendición provocará toda la ansiedad que hizo necesario al principio su desarrollo.

Existe también la ansiedad de sostenerse uno sobre sus propios pies, lo cual supone que está solo. Cuando somos adultos todos nos sostenemos solos, ésta es la realidad de nuestra existencia. El problema está en la transición entre soltarse y sentir que los pies se asientan firmemente sobre la tierra, ya que se experimenta la sensación de caer, con la ansiedad consiguiente.

Todo paciente que comience a desprenderse de sus ilusiones e intente bajar a la tierra de la realidad experimentará cierta sensación de caída.

Existe el temor de que si se caen, no va a ser capaz de levantarse, saben que lo pueden hacer con un esfuerzo de su voluntad se pueden incorporar, pero de lo que no están seguros es de poderse levantar. Levantarse o surgir es como crecer. La fuerza para levantarse viene de abajo., a cada paso que damos apretamos la tierra con la planta y ésta responde a la presión empujándonos hacia arriba. Levantarse y caer son funciones antitéticas, que no pueden existir una sin la otra. El que no puede caerse no puede levantarse.

Los seres humanos son susceptibles de la ansiedad de caída aún cuando están colocados sobre una base sólida.

La ansiedad neurótica procede de un conflicto interno entre un movimiento energético del cuerpo y el control inconsciente para limitar o detener ese movimiento. Este control se ejerce a través de las tensiones musculares crónicas estructuradas principalmente en la musculatura estriada o voluntaria, que está normalmente bajo el control del ego. Este control consciente se pierde cuando la tensión de un conjunto de músculos se hace crónica. No es que el control se rinda sino que se torna inconsciente”.

Físicamente aquella tarde, fue tal el movimiento interno que vivió, se “descargó” en los servicios de una forma exagerada (el miedo extremo relajó los esfínteres), todos recordaremos la expresión “se cagó de miedo” (unidad psico-soma) Ella comentó que nunca recordaba haberse vaciado tanto, incluso llegó a sentir nauseas. (Lowen se refiere también al bloqueo diafragmático que surge en el pánico cuando una fuerte onda respiratoria no puede pasar libremente al vientre. Se lo impide una contracción en el diafragma que pueda resultar dolorosa y producir nausea).

Aquella noche estalló una fuerte tormenta y ella buscó toda serie de excusas para que yo durmiera a su lado. Tuvo una gran bajada energética, tenía mucho frío, yo entendía su regresión, y que necesitaba esa contención y sostén maternal que un terapeuta en esa transferencia se lo hubiera podido ofrecer, pero yo, era su amiga y también estaba impactada, necesitaba distancia para poder descargar la tensión que yo también había acumulado. Así que no se me ocurrió otra cosa que ofrecerle un saco momia de plumas, que le marcase bien los límites, le envolviera, le abrigara y le contuviera, simbolizando esa necesidad de contención que ella pedía sin pedir.

Al día siguiente, al despertar y preguntarle qué tal había dormido me explicó que había estado soñando con que quería pasar, ir hacia adelante y que siempre encontraba un tope en el camino que se lo impedía.

“La sensación de caer debe obedecer a un movimiento interno.

Al caer dormido se retira la excitación y la energía de la superficie del cuerpo y de la mente. Lo mismo ocurre en el proceso de caerse., las dos situaciones son energéticamente equivalentes. El rendir el control del ego supone el retiro de la energía e la retirada de la energía de la superficie de la mente y el cuerpo. Cuando el control del ego se identifica con la supervivencia, como ocurre con las personas que operan en gran parte a base de ejercitar la voluntad, hay una oposición consciente a rendir ese control y se producen situaciones de severa ansiedad” (Lowen).

Nos pusimos en marcha una vez más, yo pensé que iba a negarse a caminar, pero inició el camino con fuerzas y con ganas, empujada por la voluntad de superar lo anteriormente vivido, en la subida yo a duras penas podía mantener su ritmo (“la determinación por grande que sea, no puede reemplazar a la seguridad natural ni a la motilidad que uno obtiene de unas piernas bien equilibradas Lowen.). Llegamos a un valle, precioso, verde y con un río transparente y espumoso, con sus grandes paredes extensas, como si fuera un gran nido que nos cobijara, un nido gigantesco abierto pero a la vez protector, y me dijo “qué bien me siento aquí” “es como si estuviera en los brazos de mi madre”.(simbolización del sostén y de la seguridad de la madre con en el valle)

La tierra es símbolo de la madre, que a su vez representa a la tierra. La madre y la madre tierra son las fuentes de nuestra fuerza. Todos somos hijos de la madre tierra y de nuestras madres respectivas, que deberían constituir para nosotros una fuente de fortaleza”.(Lowen)

La verdad es que yo también sentí la misma sensación de calma, de sostenimiento, de abrazo de la madre tierra, de protección. Y en eso me vino a la cabeza la importancia del sostenimiento de los primeros días del bebé por la madre, de los límites, comprendí la necesidad de contener para no temer, para sentirse seguro, para ser. Comentamos la experiencia de ayer, del terror del vacío, del terror a la caída y la experiencia de hoy de la protección, del sostén, y cómo de alguna forma estaban relacionadas.

“Los infantes humanos necesitan estar sostenidos por alguien para sentirse seguros, la necesidad que siente el infante de que lo sostengan para creerse seguro, es la causa que predispone a la ansiedad de caerse. El verdadero motivo es la carencia de contacto físico con la madre y el que no lo sostenga en sus brazos.

En el bebe persiste su impulso de buscar contacto, pero va asociado con un temor creciente de que no hay base para esperar una respuesta, ni certidumbre de sus necesidades como organismo, ni motivo en qué apoyarse”.(Lowen)

“La condición para tener buenos apoyos futuros es haber vivido un buen sostén en el origen, es decir, haber vivido una buena envoltura tónica afectiva y de placer para evitar la angustia de caída. La calidad de los apoyos y la calidad del equilibrio futuro están en función de este sostén originario.”(Isabela Paz)

“Los niños que no se han sentido bien sostenidos, ni protegidos, experimentan el miedo a caer, a precipitarse al vacío o al abismo y a descoyuntarse.

La angustia de caída nace de las manipulaciones violentas del bebé en el espacio, cuando al niño se le arranca de la cuna, se le da la vuelta sin precaución, se le manipula de cualquier manera con intensidad y duración. Las consecuencias cuando se le manipula con violencia son que el laberinto del oído estimula profundamente la musculatura del equilibrio, por lo tanto estos músculos se encuentran estresados, en tensión permanente. Por otra parte otros factores del equilibrio también están estresados, la mirada, los apoyos plantares”

Esta angustia se apacigua en función de la envoltura del lactante por los padres durante los primeros meses. Por el contrario, si la intensidad de estas angustias perdura, desestabiliza las funciones corporales, inmunitarias, vegetativas y progresivamente las funciones relacionales como la prensión, el equilibrio, la coordinación; igualmente las angustias arcaicas limitarán la constitución de los fantasmas de acción y en consecuencia el desarrollo psíquico. Así podemos comprender que las alteraciones psicomotrices del niño son debidas a la presencia de angustias arcaicas que no han sido suficientemente contenidas por la calidad de relación durante los primeros meses”.(Acouturier)

“La sensación básica de seguridad está determinada por su relación primera con la madre. Con las experiencias positivas el niño experimenta su cuerpo como una fuente de placer y de gozo, identificándose y sintiéndose conectado con su naturaleza animal. Este niño crecerá enraizado con una sensación interna de seguridad. Por el contrario cuando un niño sufre la falta de atención afectiva por parte de la madre, su cuerpo se tensa. La rigidez es una reacción natural tanto al frío físico como a la frialdad emocional. Toda frialdad de parte de la madre socava la sensación de seguridad del hijo quebrando su conexión con la realidad primaria. La madre es nuestra tierra personal, así como la tierra es nuestra madre universal. Cualquier inseguridad que sienta el niño en la relación con su madre quedará registrada en su cuerpo. Inconscientemente el niño tensará el diafragma, contendrá la respiración y levantará los hombros con temor. Una vez que se ha registrado la inseguridad en su cuerpo, el individuo queda atrapado en un círculo vicioso, ya que continuará sintiéndose socavado mucho después de haber dejado de depender de la madre”(Lowen).

Un niño bien enraizado, es un bebé “delimitado”, bien sostenido y contenido por las “buenas experiencias” y atenciones de la madre, que le hacen sentir que “es” y le evita la angustia arcaica de caer en el vacío. Este niño que se sentirá protegido en el tiempo, afectivamente y emocionalmente seguro, de adulto se sentirá firme sobre sus piernas y seguro de que el suelo está allí para sostenerlo. El niño se representa a sí mismo en función de sus sensaciones de apoyo. La seguridad de los apoyos favorece la seguridad emocional. Un adulto enraizado, como dice Lowen, ya no se impulsa a sí mismo hacia arriba sino que deja que lo sostenga el suelo.

Ella se daba cuenta de que ese miedo a caer, no se solucionaba con fármacos, (incluso la explicación de que tenía vértigo le parecía algo superficial), ella lo sentía como algo más arcaico, algo incluso anterior a una situación muy terrorífica vivida hace unos quince años.(“la certeza de que iba a morir era más soportable que la espera sin saber”; ”oía sus pasos acercarse y alejarse pero no llegaban hasta mí”).Su imposibilidad de superar ese miedo a través de la voluntad le llenaba de rabia.

Y se comenzó a preguntar, en realidad ¿a qué tengo miedo? No recordaba ninguna situación de gran miedo en su infancia, ni ningún trauma especial.

“Todas las vivencias del bebé son engramadas, van dejando su huella en lo somático (tono, órganos….), el bebé no tiene madurez para elaborar sus vivencias en otro registro que no sea el propio cuerpo”. (Acouturier)

“El derrumbe, dice Winnicott es ese estado de cosas impensables que está por debajo de la organización de las defensas.Es una experiencia que ya fue vivida pero que paradojalmente no fue experimentada por el infant como tal, pues en ese momento no había tal bebé, es decir, un psiquismo que pudiese cualificar la experiencia.

El desmoronamiento es tan temido porque amenaza siempre con tener lugar en el futuro, y de hecho ya ha tenido lugar en el pasado. Pero- y aquí se encuentra la paradoja central- ha tenido lugar sin haber encontrado su lugar psíquico, quedando registrado en el propio cuerpo.

Ha tenido lugar algo que carece de lugar, un estado del pasado que no puede recordarse a menos que sea experimentado en el presente por primera vez.

Lo impensable hace lo pensado. Es en su presencia-ausencia, testimonio de un no-vivido: “todo lo que tengo es lo que no tengo”, llamamiento también a que se le reconozca por primera vez, a que se entre en relación con él a fin de que aquello que no estaba más que sobrecargado de sentido pueda tomar vida. “Sólo a partir de la no existencia puede comenzar la existencia”(Winnicott)

 

En la bajada se volvió a repetir esta emoción, de una forma más atenuada que el día anterior pero el simple hecho de no ver el final del camino en la distancia ya le daba terror, “por ahí no se puede ir, no hay camino”, tenía que adelantarme para asegurarle que no había dificultad, que a pesar de que no viera el final del camino, el camino continuaba, un camino de tierra, un camino de bajada, de ninguna forma interrumpido por un precipicio. Me recordó el aparecer-desaparecer y el lejos-cerca, dos conceptos arcaicos en la relación bebé-objeto (madre), ella no podía soportar que el final del camino desapareciera-ella no pudo soportar que su madre “desapareciera”- eso le proporcionaba una gran inseguridad, llegando hasta paralizarle y limitarle el movimiento.

Al llegar abajo y ya en el coche, volvió a experimentar una bajada grande de energía, tenía frío, el viaje de vuelta lo hizo dormitando y bien tapada con una manta.

Aquello que no ha sido vivido, experimentado, que escapa a toda posibilidad de memorización se halla en lo más profundo del ser.( como dice Winnicott son “huellas conservadas pero no investidas”).Es algo muy profundo, anterior a la formación del psiquismo, algo que sucedió pero de lo que no queda recuerdo, algo más anterior a la constitución del yo, sobre el que se colocaron las defensas para la supervivencia, y por ser la propia organización del yo la que se halla amenazada, resulta tan insoportable su vivencia o “recuerdo”.

Esa angustia de caer pasada, había pasado a ser el aquí y ahora, y al ser vivida fue algo parecido a recordar. Su miedo escondido en el cuerpo, reprimido, oculto, su angustia de caída, el miedo al derrumbe,habían salido violentamente a la superficie.

Ahora a mi amiga le tocaba trabajarlo y contextualizarlo con su terapeuta para que ese terror vivido-sentido-experienciado no le invadiera, y tomara conciencia de su desarraigo, reconociéndolo como parte de sí misma.

Y, a mí, a mí me quedaba la tarea de distanciarme emocionalmente enmarcando teóricamente la experiencia compartida.

BIBLIOGRAFÍA

  1. “EXPLORACIONES PSICOANALÍTICAS I”. Winnicott W.D. Buenos Aires 1991 Ed.Paidós
  2. “REALIDAD Y JUEGO”. Winnicott D.W. 2008 Barcelona. Ed.Gedisa
  3. “LA DEPRESIÓN Y EL CUERPO”. Lowen A. Madrid 2007. Alianza editorial
  4. “BIOENERGÉTICA” Lowen A. México 1977. Ed. Diana
  5. “LOS FANTASMAS DE ACCIÓN Y LA PRÁCTICA PSICOMOTRIZ” Acutourier B. Barcelona 2007.Ed. GRAO
  6. “LOS APOYOS Y EL EQUILIBRIO DEL NIÑO”. Paz I. Cuadernos de psicomotricidad nº 32

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